jueves, 19 de septiembre de 2013

Una multitud...

Se avecinaba una multitud, pero en ella iba yo…

Alguien con una voz desesperante y su dedo largo como una lanza señalo específicamente el lugar que albergaba mi corazón… Era una completa ignorante, no sabía que esa era la marca que me distinguía de todos los demás acompañantes... Y así en mi desesperación volteé a ver a mi alrededor esquive sus palabras tontas y seguí mi camino.

Unas noches antes intente escribir una carta sin destinatario, era especialmente para la persona que al final de cuentas se ha robado uno que otro pensamiento… Y hábilmente conseguí enviar la misma a un buzón el cual sabía albergaría celosamente mis palabras quebradas.

Y en esa multitud recordé entonces mi carta vieja, que era en realidad más que valida para una ocasión como esta… Y mi carta posiblemente alguien la lea y si la leyera una piedra tan bella como “Esmeralda  de un primer día” sabría entendería pues sé que no importa el color con el que vista…

No puedo creer entonces esto que haya llamado a medianoche a un ortógrafo para que me diera su opinión de experto; si entonces podría emplear “Posee” como una de las palabras que seguro escucharas en la Luna que se esconde entre ruinas…

Y en esa multitud me quede esperando, pues no sé qué decir, no sé que hacer, si me ayudaras a deshilar el hilo que ata a mi garganta seguramente escucharías las palabras que mande en aquella carta.

 

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