viernes, 19 de julio de 2013

Mastermind

Pasaba esta semana y sé que no hace mucho hablamos quizá corriendo por nuestras apretujadas vidas o por nuestro descuidado orden que nos lleva a colapsar el tiempo que necesitamos perder innecesariamente.
 
Tengo un amigo Genio que me conto que eres amigo de bueno… Un apreciable aunque a la vez chistoso personaje para mí, no es que lo haga de menos, sino que me sorprende que él también sea así algo parecido a nosotros; que sucumbimos a la paradoja de un montón de pensamientos extraños que tienen cabida solo en fantasía y no en realidad a pesar de su existencia, quizá solo por eso me esté empezando a agradar que tú sigues siendo tú y yo sigo siendo yo.
 
¿Sabías que se me vino a la mente tu novela? Si aquella de 23 capítulos que aún no han sido terminados y que no son para nada algo ya vendido en el mercado; como lo que escriben algunos  mostrencos que se afanan con malogradas ocurrencias. No fue por pura casualidad o por un capricho de niño (aunque solo tú sabes que aún lo soy) querer llorar y aferrarme a una ilusión de las más vanas; créeme que de las muchas cosas que aún me faltan es tiempo; quizá para mí y mis hadas de inventos.

Si empezáramos de nuevo me preguntaría: ¿Sera que teníamos futuro o desde el principio todo iba a ser un fracaso? No lo sé, ni quiero detenerme a pensar en tus ocurrencias de aves y de colores que vemos a través de los ojos, no quiero volver a pelear contigo sobre que es belleza o que es esperanza, no quiero volver a tener que verme forzado a abrazarte solo “porque tienes frio”, no quiero volver a tener que pasar por la cafetería a que te decidas que comerías hoy y que “debería de comer yo”, no quiero tener que esperar que den la 1 de la tarde para esperar mientras tanto sentados en una banca de cemento y ver como el mundo corre sin un rumbo definido… Dime, ¿Para qué tienes que invocar todo esto?
 
No entiendo si eres feliz porque hoy que volvía a la casa a bordo de un resquebrajado armazón de metal rojo, me disponía a desabrocharme el cinturón cuando veo en la pantalla esclavizadora tu nombre… Y te conteste, es más reímos de nuevo como no lo habíamos hecho desde hace un mes… Pero te reprocho en cara muchas cosas; que son típicas entre nosotros, ahora ya sabes cada lunes o martes quizá me veas y quizá nos dé tiempo de volver a hablar ya no seguramente de las cosas que hacían hacer temblar el mundo, ya no seremos los “estúpidos” que se ríen de todo, aunque para ser sincero disfrutaba ser estúpido esos años contigo… Pero me alegra que sigas tu camino; porque me ves aquí de nuevo con una mano en la mesa y otra vez de nuevo empezando a dibujar en blanco y negro pues los colores son demasiado buenos para desperdiciarlos en estos abstractos dibujos horrendos. ¿Qué nos pasó Mastermind? ¿Qué carajos fue? ¿Dónde está mi chocolate blanco?

 

Y como tú decías: Deja tú lo guapa que soy también… (E. M. P. D. A. C.)

 

P. D.: Se quedarán en 14 discusiones que jamás terminaran.

 

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