domingo, 11 de agosto de 2013

Crema para Pastel... Isa...

Es patético decirlo de esta forma pero…

Me encontraba estúpidamente pasmado y emocionado (creo que me brillaban los ojos de ilusión) hasta cierto punto creo vergonzoso emocionarme como si nunca hubiera entrado; yo creo que viviría eternamente aquí (algo semejante siento al entrar a una librería) pues  entrar en la antigua galería que me vio crecer, no dudaría en decir le obsequie voluntariamente los mejores años de mi infancia.

Cuando pregunte por “Isa” a quien guardaré siempre un gran cariño… Recibiendo posteriormente una respuesta que no me esperaba, tenía ganas de llorar y volver otra vez a mi mesa sin formica que estaba vieja pero tenía un gran carácter; quizá por eso elegí trabajar siempre en ella y porque desde afuera de la ventana que colindaba a mi puesto en la galería, se observaba con la salvaje urbanización de la ciudad, los árboles de “San Lorenzo” que me embarcaron a cuando Isa tomaba mi torpe mano para que aprendiera a trazar y robar imaginación de un carboncillo, un difumino y unos pasteles que siempre amaré

A decir verdad ayer fue un día entre dulce y amargo; tan parecido a un pie de limón porque como dije anteriormente a pesar de estar en un pequeño paraíso parecido a la emoción de cuando ansío destapar un misterioso obsequio regalado,  poder entrar y ver todos esos caballetes, maniquíes, paletas, pinceles, pinturas y lápices (no quiero hacer una larga lista pero este lugar es semejante a una dulcería)… No pude conseguir una sanguina… Y porque ya no podía volver de nuevo a la alegre Isa…

Voy a recordar unas palabras que entiendo ahora y que no solo las aplicaría a mi intento frustrado de hacer garabatos en papel sino a algo más importante a la vida misma…
 
 
No te conformes con ser Crema para Pastel…
 

Y al salir de este pequeño paraíso todavía tenía la estampa grabada de yo de pequeño y mi maestra Isa sujetándome la mano para ayudarme a perfeccionar mis trazos…

No hay comentarios:

Publicar un comentario