Vi una lluvia de estrellas…
No hace mucho una amiga que he tenido por situaciones que
la obligaron a partir de este país tuvo que ir a vivir al viejo continente, lo
cierto que a pesar de marcar grandes las distancias físicas, nos hemos llevado tan
bien que cada año que regresa aquí es como si solo reanudáramos la conversación
que tuvimos el día anterior, es más como si nunca hubiera partido de aquí.
Lo que sucede es que ella por el hecho de vivir y que su
entorno sea ahora tan diferente me cuenta cosas extrañas y graciosas y que a
pesar de llevar ya casi 4 años de estar en un “me voy y regreso” no logra muy
bien acoplarse a su nuevo estilo de vida o es que está muy acostumbrada aun a
como se tornan las cosas aquí por donde yo vivo.
Hace unos días para ser más exacto 2, me invito a salir
cosa que con ella es muy común, demasiado común, a ver una lluvia de estrellas que casualmente
iba a ser muy visible en el continente Americano, donde vivo y gracias a que
hay parajes muy bonitos y muchas montañas aun, no se me ocurrió mejor lugar que
llevarla o más bien ir a Santo Domingo del Cerro. Es un lugar muy interesante y
por no decirlo casi parecido a lo que hay en mi mente, y en serio me gusta tal
vez solo por lo extraño de ese lugar.
Para describirlo rápidamente algo que no sería muy justo
pero como sinceramente, no es mi mejor época digámoslo así, lo diré, es una
especie de fincas ubicadas en una alta montaña, con arte un tanto excéntrico y
hasta bizarro de formas humanoides, mezcladas con animales y cuanta imaginación
tenía el artista autor de tales maravillosas figuras hechas con diversos
materiales pero en su mayoría de metal, uno de los grandes artistas de mi país y
que ha pasado a mejor vida, pero que su legado aún vive con nosotros, y a parte
de esta gran clase de arte moderno que vemos en el paraje de antaño ya que el
lugar donde se encuentra evoca las construcciones coloniales de la antigua
ciudad de mi país, cabe mencionar que
hay un hotel con una paz indescriptible dentro de este recinto de tranquilidad
y cultura y sin más porque a veces las palabras sobran esperamos la noche.
Como era de esperar tenía una gran expectativa era la
primera vez que asistía a ver este fenómeno, y para mis expectativas creo que
las superaron, al llegar la obscuridad y el ambiente propicio del lugar donde
quedamos a pasar la noche vimos las estrellas, puede parecer hasta una típica situación
cliché pero no, en realidad vi algo hermoso, espectacular y que me dejaron sin
palabras…
Las estrellas como un rebaño de vacas que van en manada… Recorrían la vía láctea su pasto que era la
galaxia entera, y su pastor el desconocido que seguían y que quizá las guiaba a
dar tan grácil espectáculo a la tierra, era algo tan divino y majestuoso no
tuve palabras para describir lo felizmente triste que me encontraba, me hubiera
gustado mucho verlas y más allá, cuerpos celestiales que parecían lagrimas caídas
del cielo, unas luces rasgadas, esas tristezas y alegrías que van ahí aunque
sea como nunca esperamos, aunque jamás sea con quien habríamos querido…
Las estrellas, como esos pedazos de piedra que van
cayendo desde el cielo se vuelven tan brillantes y nos dan ya no una impresión física,
sino algo que va más allá algo que solemos llamar estrella fugaz, y recordé esas
historias que decían al ver una estrella fugaz y pedir un deseo este se
cumplirá, mi amiga que estaba conmigo a manera de saber lo que pasaba por mi
mente me dijo:
¿Te recordaste de esas historias? Yo le dije Sí.
Justo en ese momento comprendí que todo es mentira las
estrellas fugaces tampoco cumplen deseos… esto era una mentira...
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